CHILLÓN EN LA MODERNIDAD A TRAVÉS DE SUS COFRADÍAS

 

La España de los S.XVII-XVIII es un período poco conocido del que únicamente nos cabe una certeza: se produjo un estancamiento del país y un retroceso en las condiciones de vida de sus habitantes, respecto a la expansión y mejora continua del final de la edad media y el tránsito a la modernidad (S.XV y XVI).

Pero, ¿cómo era la sociedad chillonera? ¿Cuál era su economía? ¿Cómo ha influido en la formación del pueblo que hoy conocemos?

Vamos a intentar verlo a través de la valiosa aportación que nos brindan las cofradías religiosas existentes en Chillón, reflejo de su época, de su espiritualidad, de sus epidemias, de sus crisis... de sus diferentes avatares; similares, no obstante, a los del resto de la España de su tiempo.

 En el S.XV, Chillón era un núcleo de carácter urbano, importante económicamente, vertebrador de la economía de la zona, con un importante sector terciario y una reconocida industria textil(1) que atrajo a un considerable número de gentes procedentes de todos los puntos de la geografía hispánica.

Una industria que I. Hervás (2) decía había tenido tal reconocimiento que sus paños veinticuatreños, “habían adquirido tal renombre en el siglo XV, que su fama no sólo llenaba los mercados de España, sino que en el extranjero hacían la competencia a los reputados de Lombay u Gante”. Según este autor la decadencia de esta floreciente industria, que acabaría arruinada a finales del S. XVI, provocaría el empobrecimiento y despoblación de Chillón. Crisis a la que indudablemente contribuiría en buena manera la expulsión de los judíos, pues la comunidad judía en Chillón era muy importante, tanto por su número como por su actividad económica. Su expulsión afectó a la actividad económica y poblacional de Chillón y consecuencia de la cual pudo ser el asentamiento de moriscos alpujarreños, como sucedió en Almodóvar del Campo, para suplir la mano de obra especializada en los telares, o como la traída para trabajar en las cercanas minas de Almadén en esta misma época y de las que sí tenemos constancia.

Importante comunidad judía que debía su pujanza al atractivo de varios factores que concurrían en Chillón, y que con su presencia corroboraban que efectivamente así era:

§   Su floreciente economía, con una importante industria textil, que ocupaba a un buen sector de esta población

§   Su ubicación entre La Mancha, Extremadura y Andalucía, con un importante peso demográfico que la hacía vertebradora de un amplio espacio geográfico

§   Su pertenencia al señorío del Alcaide de los Donceles, pues en el último tercio del S.XV se convirtieron en lugar de refugio de numerosos judíos y judeoconversos que en toda Andalucía produjo un importante trasvase a las zonas de señorío. Ocupando importantes cargos como administradores de la villa, como Juan Farín, viejo mayordomo suyo quien en 1497 tuvo que huir camino de Portugal, como muchos otros.

 

Su expulsión, junto con las crisis generales del país condujo al progresivo declive de su industria textil y consecuencia de esta su despoblación y empobrecimiento en los siglos XVI y XVII que se acentuarían en el XVIII con la expulsión de los moriscos.

 Despoblación y empobrecimiento, empobrecimiento y despoblación son fenómenos que se unen y dan la mano el uno al otro y a los que se unirá otro tercer factor, las importantes epidemias que se produjeron y acentuaron las anteriores, de nuevo su despoblación y empobrecimiento.

Consecuencia de las cuales fueron también el nacimiento de alguna cofradía, como la Hermandad de San Roque, creada a raíz de la peste bubónica que asoló la villa en 1582 y que tras la venida de la imagen del santo en agosto de 1583 desaparece, creándose unos años más tarde su cofradía, cuyos primeros estatutos datan de 1587.

 Crisis de la industria textil, empobrecimiento, despoblación, epidemias... que caló más en Chillón que en otros pueblos más pequeños y artesanos, dado su tamaño de mediano núcleo urbano y su dedicación más industrial. Así en el último tercio de este S.XVI su decadencia siguió a la de toda la industria textil castellana, igual que su descenso demográfico, la disminución de las actividades del sector terciario, con una reducción considerable del número de personas dedicadas al transporte, comercio, alimentación...

 Los S.XVII y S.XVIII hacen de Chillón una villa de menor peso demográfico y económico en beneficio de otras localidades del valle de los Pedroches y de su vecino Almadén. Pasando, además, de ser un centro urbano, de actividad industrial y económicamente muy dinámica, a ser un núcleo rural, con clara predominancia de la agricultura, la ganadería y una pequeña clase artesanal para abastecer las necesidades su propia población.

Un mundo agrario en el que se superponen la agricultura de secano y la ganadería de cerdos, cabras y ovejas, sobre todo. En el que coexisten una minoría de campesinos más opulentos con los yunteros o pelentrines, campesinos con ganado propio pero sin tierra, y los jornaleros,que constituían la mayor parte de la población.

En los años normales estos jornaleros vivían en el límite de la subsistencia, aun con la participación de todos sus miembros en la economía familiar: mujeres y niños incluidos. Y merced a ciertas prácticas aceptadas por las necesidades y carestías de la época, que iban desde aprovecharse de lo dejado tras las cosechas, como el espigueo y la rebusca de la aceituna tras su cogida, hasta la aceptación, como práctica sancionada por la costumbre, del hurto de frutas o la corta de leña, prohibida habitualmente, pero no siempre castigada. Y que en época de caristia precisaba de las limosnas para subsistir; en las que participarán obras pías diversas, incluidas algunas de las cofradías más opulentas.

En Chillón, como en el resto del país, debió, no obstante, producirse la aparición y/o el crecimiento de un campesinado rico, rara vez noble (3), que o bien acumuló tierras en arrendamiento, o bien la adquirió. Entre los miembros de este grupo social es donde se encontrarán los hombres que crearán y regirán las cofradías, como obras sociales, como repartidoras de limosnas... y como organizadoras de comilonas y fiestas que reportaban gran prestigio social a sus cofrades principales. Permitiéndoles estos cargos compartir jerarquía y un sitio junto a los no pecheros, los exentos, cuyo reducido número no bastaría para ocupar todas las mayordomías y cargos de oficiales. Pudiendo incluso explicarse el alto número de cofradía creadas en el pueblo por esta misma razón, la creación de un cargo cuya ocupación aportaba prestigio y conllevaba unos gastos que sólo los más acomodados podían soportar, pero les servia para equipararse socialmente con los exentos, aquellos cuyo prestigio les venía por su nacimiento, los hidalgos – 3 solo- u ocupación de cargo militar –15- o cargo religioso.

Prestigio social y actos de piedad que conllevaban unos gastos cuantiosos, pues solo la aportación de jornaleros, menesterosos y donaciones no debían ser suficientes y menos aún cuando la celebración de la fiesta del santo o virgen al que se dedicaba su advocación era motivo de fiesta, con misas, procesiones y comilonas incluidas.

El otro sector de la población en claro declive, como ya dijimos, era el de los dedicados a la industria textil. Debido a su crisis generalizada en todo el país, que la hizo prácticamente desaparecer de Chillón, el número de vecinos a ella dedicada dejó casi de existir, desplazándose buen número de ellos a otros pueblos. Queda, a pesar de este declive, una artesanía que compagina las tareas agrícolas con las tareas artesanales, en las que participa toda la familia, como la labor del esparto, la tenería, calderería, herrería, carpintería, guarnicionería... necesarias para el autoconsumo de la localidad.

Las oscilaciones climáticas producían además verdaderas catástrofes demográficas, pues, bien por ser años extremadamente secos o bien por ser años excesivamente lluviosos, provocaban la no-maduración de la cosecha y con ello hambrunas y muertes, como corrió en los años 1708, 1709 y 1800, que acarrearon un acusado descenso demográfico. En estos años, la población que ya vivía en sus años normales en el límite de la subsistencia, quedaba en manos de las limosnas e instituciones de caridad que capitalizaban las limosnas de los fieles y el reparto de parte de la riqueza que atesoraban merced a las donaciones y a las rentas de sus bienes en inmuebles acumulados con las donaciones durante siglos o adquiridas con sus rentas.

Hemos visto, grosso modo, cual eran las condiciones de vida de las gentes de Chillón, la economía, su descenso demográfico. Pero, ¿cómo se manifestaba su religiosidad? Veámoslo mediante el recuento de los que eran los lugares de culto, sus iglesias y ermitas.

Ya desde el medievo, Chillón contaba con su actual iglesia de San Juan Bautista y Santo Domingo de Silos, adosada a la torre, que fue del homenaje en un breve período de tiempo tras la conquista cristiana y en su origen fue atalaya almohade. A principios del S.XIV, menos de cien años después de pasar a manos castellanas es ya citada como iglesia.

Su doble advocación proviene de la unión de la población dispersa de Chillón en un solo pueblo, la collación de San Juan Bautista, en el emplazamiento del “Castillo de Chillón”, actual Chillón, con la población que en los documentos se denomina “Puebla de Chillón”, asentada junto a otro punto fortificado cercano, el castillo de Aznaharón, y la venida de su población al actual enclave, trayéndose ésta su santo, Santo Domingo de Silos, uniéndose ambas poblaciones y sus parroquias o collaciones. En un momento que desconocemos, pero que deducimos debió producirse en S.XV, con el abandono de la “Puebla de Chillón”. En 1370, en el documento de la venta de Chillón por el conde de Alburquerque a Diego Fernández de Córdoba aún se refiere a ella como iglesia de San Juan, junto a la torre y dentro del castillo en el que se produce la venta y entrega de las llaves de la villa. En el S.XVI, no se menciona ésta y sí a Guadalmez, nuevo núcleo poblacional dependiente de Chillón pero emplazado en la vega del río de su mismo nombre.

El actual salón parroquial del Santo Cristo, era en aquellos siglos una ermita habitada por las Hermanos de la Santa y Venerable Escuela del Cristo, dedicados al cuidado de los enfermos del hospital que se hallaba adosado a él, el Hospital del Santo Cristo, fundado por el vicario D. Juan Bernal.

La ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Castillo, que tenía ya una devoción popular similar a la que se le venera aún hoy y por cuya sierra pasaron a rendirle pleitesía personas como el Maestro Juan de Ávila o Santa Teresa de Jesús.

Además existieron otras ermitas, ya desaparecidas, como la de Santa María de Gracia, convertida en convento de las Madres Dominicas en el S, XVI que dos siglos después lo abandonaron para marcharse a Almagro; la de San Sebastián, de la que queda el recuerdo de la calle en la que estaba, a la que a pesar de los diferentes nombres que se le ha dado, se la sigue conociendo como “la calle del Santo”; la de Santa Catalina, ubicada en un monte próximo; la de Santa Brígida, en el cercano cerro, camino de Almadén, al que dio su nombre; las de San Juan, San Ildefonso y la de Santo Domingo de Silos, hasta que se trasladó a la iglesia mayor.

Existía también un convento de franciscano camino de Almadén, el Convento de San Antonio, fundado en el S. XVI, del que solo quedan sus ruinas, tras su desaparición con laS desamortizaciones eclesiásticas del S. XIX.

Existían además numerosas obras pías:

§        Una casa de caridad para socorrer a los necesitados

§        Una institución para facilitar dotes a las doncellas pobres

§        Una cátedra de latinidad

§        La Santa Escuela del Cristo, en el mismo edificio del Santo Cristo y otras dos más para niños, mantenida por donaciones una y por el municipio la otra

§        Viviendas de acogida para mujeres pobres

§        Dos hospitales, el del Santo Cristo y otro más municipal

 Una religiosidad inusitada a nuestros ojos, pero no extraña a la época. Sustentada no solo por la población propiamente dedicada a la iglesia, que como vimos en la relación de habitantes solicitada por Obispo de Córdoba en el 1768 y elaborada por el vicario de Chillón, de los 1738 vecinos censados, el 5% (96) eran clérigos. ¿Muchos...? No suficientes para atender a tantas ermitas y cofradías. Era necesaria una gran participación y manifestación del resto de la sociedad. ¿Por qué se producía ésta? ¿Sólo por devoción? ¿O se unían a ello motivos económicos y sociales ocultos? ¿Qué papel desempeñaban en ella las cofradías?

En medio de un fervor popular de tan grandes dimensiones, no podemos olvidar la existencia de una sociedad muy desigual, con grandes diferencias sociales y económicas, con una gran parte de la población en un estado permanente de miseria, mal vestida, mal comida... a la que las epidemias afectaban periódicamente, con una escasa esperanza de vida. Escasas esperanzas en esta vida que se suplían con el deseo de otra vida mejor más allá de esta, y el deseo de olvidar su penoso día a día en todas las ocasiones que se le presentaban, que eran las celebraciones eclesiásticas y ayudándose entre sí a través de sus cofradías.

Cofradías religiosas, que conocemos a través de los archivos eclesiásticos, y cofradías gremiales con advocación a sus patronos, que desconocemos, pues no han quedado resto de sus libros de cuentas o de sus estatutos, pero que debieron tener su advocación en alguna de las ermitas que antes enumeramos y que desaparecieron o se convirtieron en religiosas tras su prohibición.

¿Cuál era su atractivo? En sus estatutos se menciona la celebración de misas, procesiones, oraciones, gastos suntuarios para, para el sepelio de sus cofrades, en algunos casos... para la devoción de a quien se dedicaban... y para la celebración de sus fiestas. Fiestas que unían el tiempo dedicado a la devoción y el dedicado a la diversión, a las fiestas, los bailes, las comilonas... días de jolgorio en los que solazarse y olvidar el hambre, la monotonía de su quehacer diario, con todos los grandes dispendios que la economía de sus cofrades o sus mayordomos pudieran ofrecerles. En una generosidad en la que los mayordomos rivalizaban para obtener o mantener su cargo, cuya ostentación les aportaba prestigio y el reconocimiento entre sus vecinos.

Esta visión de las cofradía, como excusa para “solazarse” era generalizada y mal vista por las clase ilustradas. Así, ministros ilustrados, con Campomanes a la cabeza, consideran este tipo de costumbres como contrarias al progreso (4). El historiador A. Domínguez Ortiz dice así:

“Como organizadores de fiesta, comilonas y otros desafueros las cofradías fueron una de las betes noires de Campomanes. Le dolía el que dinero que en ello se gastaba; no le importaba que los interesados dijeran que así se divertían; los pueblos no saben lo que les conviene, y es obligación de los gobiernos enseñárselo...”

De manera que las cofradías gremiales que no tenían aprobación civil ni eclesiástica, se reglamentó que debían disolverse e invertir sus rentas en obras sociales que favorecieran a los obreros enfermos o sin trabajar.

Este hecho sería la causa de que en esa época se redactasen de nuevo estatutos producidos en épocas anteriores (5), así como la desaparición de algunas cofradías gremiales y la aparición o ampliación de otras preexistentes.

El académico cordobés, Juan Aranda, en su artículo Religiosidad popular y asistencia social en Chillón y Guadalmez durante los S.XVI Y XVII, nos ofrece un detallado estudio del movimiento cofrade en la que entonces era una villa señorial cordobesa del marquesado de Comares (6), extraído del Archivo General del Obispado de Córdoba (7). Contabiliza a través del libro de Visitas Generales entre 1579 y 1635, 14 Hermandades, de las que buen número de ellas se fundan en el s. XVI en honor a los santos y diferentes vírgenes, cada una de ellas establecida en las diferentes ermitas e iglesias que ya enumeramos:

§       Las Hermandades de Santa Catalina, San Ildefonso, San Juan, San Sebastián, Santa Brígida, San Roque, Santa Marta, Santa Lucía, San Juan Bautista y Santo Domingo de Silos. Nueve en total dedicadas a santos.

§       Las Hermandades de Nuestra Señora del Castillo, la La Inmaculada, la del Rosario, de advocación mariana.

§       Otras surgidas tras el Concilio de Trento, como la de El Santísimo Sacramento y la de las Ánimas del Purgatorio (8)

Tal número de cofradías nos podría indicar a primera vista una sociedad devota, con un nivel adquisitivo suficiente como para dedicar parte de sus ingresos a sufragarlas. Aunque los propios estatutos, los libros de cuentas y su progresiva desaparición nos indican una situación bien diferente. La aparición de muchas de ellas en los siglos XVI y XVII estuvo, como ya vimos, fomentado por la propia Iglesia, siguiendo el espíritu de la Contrarreforma, que animaba la popular tradición mariana en unos casos, de superstición revestida con nombre de santo en otra, o el culto a sacramentos cuestionados en la Europa de la Reforma –Hermandad del Santísimo Sacramento-. Los siglos siguientes se caracterizan por la desaparición de muchas de ellas, ya en el S.XVIII van quedando reducidas en su número, agrupando a cofrades de las que desaparecen, acogiendo en la iglesia parroquial las imágenes de las ermitas abandonadas y en su cofradía de S. Juan y Santo Domingo de Silos a los cofrades. Situación que se acentuará en el S.XIX, no quedando en el S.XX más que las de Nuestra Señora del Castillo y la de San Roque, de arraigadas implantación popular y San Sebastián en Guadalmez.

Pero sin desdeñar la influencia de la religiosidad de los cofrades ni la que la Iglesia tenía, ello por sí solo no bastaría para explicar la proliferación de tantas cofradías, ¿qué otra razón más mundana pudo haber? Esta razón la encontramos en el mismo argumento que expresaba Campomanes y demás ministros ilustrados para oponerse a ellas:

Que además de sus fines piadosos, organizaban fiestas, comilonas, gastando dineros para fines no piadosos, que luego les faltaban para atender a tantas iglesias, ermitas, curas, párrocos y cera como debían atender. Así los párrocos, en general vieron con buenos ojos la supresión de las cofradías gremiales y la necesidad de establecer unos estatutos eclesiástico para todas ellas -gracia a lo cual ha llegado hasta hoy el testimonio de su existencia-.

Sin embargo, aun reconociendo que se debían cometer excesos, de derroche y dilapidación de fortunas, es cierto que también aliviaban la monotonía del vivir diario en una época en que las diversiones no abundaban y fomentaban la cooperación y hermandad de los cofrades, como se refleja en sus estatutos, en los que se tiene en cuenta el socorro a los hermanos enfermos, a las viudas pobres, al sepelio de los hermanos fallecidos.

Dichas prácticas, religiosas, solidarias y lúdicas, eran habituales, como hasta hoy lo son en las cofradías que han pervivido, figuren o no en sus estatutos; que aunque no lo hicieran sí aparecían después reflejadas en los libros de cuentas. Carlos Mora, en su libro sobre Guadalmez nos dice esto(9):

“La fiesta del Corpus era organizada por la Hermandad del Santísimo Sacramento, quien corría con todos los gastos, y desde el siglo XVII, el programa de festejos recogía una representación teatral, a modo de auto sacramental, a cargo de unos comediantes y unos pasacalles con música de guitarras y vihuelas, danzantes, gitanas y negrillos, a los que se unían durante la procesión los soldados que iban con la bandera, todo ello aderezados con la quema de dos libras de pólvora. Tras el jolgorio, la Hermandad invitaba a comer a todos los participantes de los pasacalles y a partir del 1681 se comenzó a realizar también una comida para los cofrades y demás vecinos que se hallaran presentes. En estas comilonas se solía encontrar desde la carne y el vino hasta los dulces elaborados con miel, aceite, pan, huevos y especies, y los garbanzos tostados. Para la función religiosa la Cofradía del Santísimo Sacramento se encargaba de adornar la iglesia con ramos y juncias. A modo de ejemplo, en 1651, esta fiesta le costó a la Cofradía 77 reales de vellón:

§        36 reales que gastó en combite con soldados y gitanas y dançantes y llevar y traer la bandera.

§        29 reales que se gastó el día del Corpus con soldados y dançantes y combite y pólvora.

§        9 reales y medio de dos libras de pólvora que se gastaron el día del Corpus.

§        3 reales de cuerdas para la vihuela

(Libro de Cofradías. Cuentas de gastos. Archivo Parroquial de Guadalmez)”

Para sufragar estos gastos, las hermandades contaban con la aportación anual de sus cofrades, con las aportaciones y limosnas de los fieles y con las rentas que a algunas de ellas les reportaban las tierras con las que contaban, fruto unas veces de donaciones, otras de su adquisición con sus propias rentas. Rentas que aunque a veces no eran suficientes para cumplir con sus obligaciones estatutarias siquiera, en otras de las más opulentas, como la cofradía general de San Juan Bautista y Santo Domingo de Silos, disponían se un erario suficiente para asistir a los pobres de la localidad.


¿Qué queda hoy de esta religiosidad de un pasado no tan lejano? ¿Cómo han marcado a la idiosincrasia de Chillón estos siglos?

De esta época nos queda, además de los recuerdos de topónimos como, la calle del Santo, el cerro de Santa Brígida, o imaginería religiosa. Nos restan dos cofradías de gran raigambre popular: la de San Roque y Ntra. Sra. Del Castillo, convertidos, S. Roque y la Virgen del Castillo, en patrono y patrona de Chillón.

El día de la celebración de la romería que precede a la venida de la Virgen del a Chillón, se ha ido cambiando de centuria en centuria desde septiembre hasta agosto, el día 12, para aproximarla a la fecha de celebración de San Roque, el 16 de agosto, y celebrar así conjuntamente las fiestas locales en un momento más favorable para la venida de los vecinos que emigraron. Primando de nuevo el binomio de espíritu religioso-fiesta popular y comilona.

La Cofradía de Nuestra Señora de la Virgen del Castillo mantiene aún bienes muebles e inmuebles: la propia ermita, sus obras de arte, objetos de culto, donaciones... y tierras junto a la ermita que sirven para mantener al santero que allí permanece para su guarda durante todo el año. Propiedades y rentas que se complementan, como en siglos pasados con las cuotas de sus hermanos, con las limosnas y donaciones privadas y públicas de los fieles, en pujas y subastas que son manifestación ante el resto de los vecinos de su fe o el fruto de promesas realizadas a ésta.

La Hermandad de San Roque mantiene también el arraigo de la fiesta popular con la vaquilla, manifestación de la peste que asoló al pueblo en el S.XVI y su salvación tras la traída de Toledo de la imagen del Santo que dio origen a la misma; manteniendo la vestimenta de sus hermanos, su procesión, misas y ritual conforme se hizo tras su creación e S.XVI, con sus peculiaridades de las corridas de la vaquilla por las calles de Chillón, el capeo y muerte de una vaquilla real y la celebración de todos los hermanos reuniéndose para comérsela entre ellos a lo largo de todo el día. (10)

 

Análisis de cofradías y vida de un pueblo a los largo de uno siglos que dejaron su huella en él y se mantiene en su idiosincrasia, marcando su identidad física, espiritual y costumbrista consciente o inconscientemente que durante generaciones se van transmitiendo como señas de identidad propias, diferenciadoras respecto a otros pueblos cercanos que acrecientan la unión, como comunidad que los comparte, de los vecinos del mismo.

1.  VILLEGAS DÍAZ, L.R. Y MENDOZA GARRIDO, J.M. La villa de Chillón en el tránsito a la modernidad. Instituto de Estudios Manchegos (CSIC), Ciudad Real, 1991.

2.  HERVÁS y BUENDÍA, J., Diccionario histórico-geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real, Ciudad Real 1914.

3.  Legajo núm. 7 Documento núm. 2) Relación del número de habitantes de esta villa y Guadalmez, con expresión de estado, sexo y condición. Año 1768. Recogido en el libro Saesapo, publicado por Ildefonso Romero, en el Instituto de estudios manchegos, en 1954. En él recopila el manuscrito de Fray Cayetano del Santísimo, religioso franciscano de Chillón, quien lo debió escribir alrededor de 1780, poco antes de su muerte; recogiendo muy interesantes apuntes de la historia Chillón y siendo una inestimable fuente de información de documentos y hechos por el mismo vividos.

 

“Para mejor gobierno de esta nuestra Diócesis y otros piadosos fines de Dios Nuestro Sr. y del bien público, necesito tener puntual noticia del número de almas de esa villa y su anejo, con distinción de edades, sexo y estados como se expresa en la minuta adjunta en la que a continuación de cada clase pondrá el número de individuos que le correspondan, en la inteligencia de que para esta inquisición y cuanto sea necesario en su práctica ha de observar el más absoluto secreto y reserva, sin manifestar el fin ni el encargo, bajo pena de privación de empleo o suspensión en el ejercicio del que obtiene, y otras que reservamos a nuestro arbitrio a proporción del exceso, si faltando a la confianza que hago de V en esta materia, quebrantase el sigilo que tanto importa.

También acompaña otra minuta para que vm avise en la misma forma el número de Curas, Beneficiados, Sacristanes y sirvientes de la parroquia. Los conventos que hay en su distrito, regulares, profesos, novicios y sirvientes de cada uno; los exentos de techo, bagajes, alojamiento, etc. Por hidalguía y demás causas que en ella se expresan: la que llenará vm en igual forma.

Si en la práctica de este encargo o extensión de las mismas se ofreciese alguna duda, deberá vm consultárnosla prontamente por medio de nuestro Secretario de Cámara a quien dará vm, inmediatamente aviso del recibo de estas, para que nos conste, y que se está evacuando esta importante diligencia sin pérdida de tiempo a cuyo fin vuelvo a encargar a vm aplique todo su celo y actividad.

Dios guarde vm muchos años. Córdoba 15 de Sepbre. De 1768.Firma el Obispo de Córdoba. Sr. Diego García Torralba. Chillón

Señor Vicario: Envíe vm en respuesta razón puntual de cuantos vecinos tiene ese pueblo con expresión del núm. de almas de Comunión y de las de solo Confesión según el padrón de cumplimiento de Iglesia en el presente año.

 

Sírvase vm se practique igual diligencia en Palacios de Guadalmez y dar la noticia separada de lo que resulte de esa villa.

(A continuación en otra letra):

Noviembre 10 del776 se respondió había de confesión y comunión en Chillón 286 de confesión solo 287.

En Guadalmez de confesión y comunión 98 de confesión solo 29.

PRIMER MINUTA

Parroquia de Guadalmez, anejo de la villa de Chillón, con la advocación de San Sebastián, tiene el número de almas que abajo se expresan con distinción de edades, sexo y estados:

 

 

 

 

Casados de casados con distinción de sexos

Párvulos que no pasan de 7 años

Varones

9

 

Hembras

7

 

De 7 a 16

Varones

10

 

Hembras

9

 

De 16 25

Varones

16

7

Hembras

12

7

De 25 a 40

Varones

12

8

Hembras

7

7

De 40 50

Varones

6

6

Hembras

9

7

De 50 arriba

Varones

7

3

Hembras

4

3

 

Resulta de la anterior minuta que

Desde 16 a 25 están casados

14

Varones

7

Hembras

7

Desde los 25 a 40 están casados

15

Varones

8

Hembras

7

Desde 40 a 50 están casados

13

Varones

6

Hembras

7

Desde 50 arriba

6

Varones

3

Hembras

3

 

 

 

PRIMER MINUTA

 

Parroquia de la villa de Chillón con la advocación de San Juan Bautista y Santo Domingo de Silos, tiene el número de almas que abajo se expresan, con distinción de edades, sexo y estados:

 

 

 

 

Casados de casados con distinción de sexos

Párvulos que no pasan de 7 años

Varones

155

 

Hembras

130

 

De 7 a 16

Varones

168

 

Hembras

150

 

De 16 25

Varones

123

20

Hembras

96

14

De 25 a 40

Varones

204

153

Hembras

196

156

De 40 50

Varones

108

84

Hembras

101

82

De 50 arriba

Varones

94

67

Hembras

136

72

 

 

1621

 

 

Resulta de la anterior minuta que

Desde 16 a 25 están casados

34

Varones

20

Hembras

14

Desde los 25 a 40 están casados

309

Varones

153

Hembras

156

Desde 40 a 50 están casados

166

Varones

84

Hembras

82

Desde 50 arriba

139

Varones

67

Hembras

72

 

SEGUNDA MINUTA