PROLOGO

 

Cuando se redacto este libro, hace ya muchos años, nuestra intención era rendir un recuerdo de amor a nuestro pueblo. Mi esposa, que vivía entonces en esta existencia terrenal, inspiro alguna de sus páginas.

Ahora cuando intento su publicación, en el recuerdo permanente de ella, quisiera añadir al texto algunas de sus felices sugerencias, ideas que me infundía mientras mecanografiaba los folios.

Desisto de ello, porque quiero incluir sus atinados consejos en otro libro, donde tratare si vivo, el teme de las grafías rupestres de la Sierra de la Virgen. Porque Ella es la que desde el Cielo, induce mis ilusiones presentes, circunscritas a estos quehaceres culturales; así la impaciencia del rencuentro no me aniquila en la soledad. Su espiritual presencia en mi alma vivenciado, desde que se fue a Dios, mi entrañable amor a la Virgen, a Nuestra Madre del Castillo.

Puedo asegurar que, en medio de mi angustia, se me hace gozosa la cruz que llevo, por su ausencia. Gracias a esta cruz, me he situado, para siempre ya, con fe inquebrantable, con esperanza convencida, en la línea de Dios. Bendigo tal influencia y espero que nuestro amor, base de nuestra dicha en la vida presente, sea el móvil para asegurar nuestro rencuentro en la eternidad feliz.

E.R.L.

 

CHILLON

(Biografía de mi pueblo)

-PORTICO-

Es muy difícil biografiar lo que se ama, porque se puede caer en una imperdonable falta de objetividad. Quiero, sin embargo, ajustarme a la verdad posible en lo que voy a referir. No pretendo hacer literatura, aunque estoy muy penetrado de recuerdos que me inducen a ello. Se que es tarea dificilísima valiéndome contenidos tradicionales, no siempre rigurosamente históricos. Por ello, habré de adelgazar cuando pueda esta biografía.

Lope de vega, en su prologo al “ISIDRO”, dice: “Cosas hay que los que nacimos en esta villa las sabemos en naciendo, sin que nadie nos las enseñe ni diga”.

Yo al hablar de mi pueblo natal, he de mostrar una audacia que me preocupa. Siento el orgullo de ser chillonero, por más que sé las virtudes y los defectos de mi patria chica. Amo esta tierra que alberga las cenizas de mis próximos antepasados más queridos. Nosotros los Ramiro, llegamos aquí aventados por el azar, cuando, al inventarse el delito de “

afrancesamiento” Fernando VII dispuso el destierro de los así motejados, entre los cuales estaba el Mariscal Ramiro, que hizo suya, para el rey, la plaza de Sevilla, en la Guerra de la Independencia. Esto en cuanto se refiere a mi línea paterna. Más por los Castro, apellido troncal de mi entrañable y querida abuela materna, venimos del autentico solar de este apellido, de Lugo, donde tantos ilustres próceres aquilatan la nobleza de nuestra sangre. Hablaremos también de ello, a lo largo del relato.

La historia, en general, tiene unas fuentes muy complejas .Solo puede entenderse a base de conocer el testimonio escrito (no siempre escrito),la arqueología, la lingüística, el folclore, las costumbres en el decir o en el comer o en el bailar, las fiestas expresionismo, el paisaje, la geografía, la narración oral la leyenda y mil recursos culturales imprescindibles. Por que la historia no es solamente la narración, sino la valoración del quehacer humano dentro de esa dimensión que llamamos tiempo. El escrito A..M. Campoy dice: ”Prefiero, si puedo, volver sobre antiguas lecturas, repasar, ver como mi experiencia se ajusta o desfasa a cosas que un día creí que eran como entonces creí”.

En ocasiones, es preciso dejarse llevar de los preferidos de generación en generación, aunque no sea totalmente objetivo. Nadie duda que, para conocer, por ejemplo, la antigua Grecia, no basta la Historia bien documentada, sino que es preciso leer la Odisea. Aquí ahora, al hablar de Chillón, hemos de tener presente incluso el texto bíblico.

El pasado es siempre un misterio, por lo desconocido. El hombre ha referido solamente una mínima de su quehacer y del acontecer de su tiempo, porque no tenia medios para comunicarse o por la necesidad de ser parcial o servil a quien le pagara la crónica que escribía.

Es imposible hacer historia cabal de un pueblo sin proponerse interpretación de su verdad temporal y existencia en el terreno de su totalidad. Este libro pretende cruzar a ese mar ignorado de la estirpe aquí enraizada, de la aventura de ese pasado sin orillas de nuestro pequeño lugar. Nuestro cometido tendrá mucho de rigor histórico y algo de novela que se afana por esclarecer las tinieblas de un pasado posible, puesto que existe un presente cierto y tangible. Estamos sintiendo, al comenzar a escribir, en medio de un cúmulo de fichas y notas, esas indefinible sensualidad de lo irreal, que nos depara la posibilidad de encontrar, a través de las sombras, el origen de la realidad. De la lucha entre lo real y lo posible han salido siempre los secretos de la Historia.

Cuando el origen de un pueblo se pierde, como sucede con el nuestro, en la noche de los tiempos, es evidente que, para estudiar su pasado, sea necesario ir más allá de la crónica escrita. ¿Es cierto cuando aseguramos un hecho concreto tan solo por los antecedentes que tenemos a la vista en un tiempo dado?. Para algunos historiadores, Felipe II es un santo, mientras que para otros, es un demonio. Mas ¿quién prueba, de modo absoluto, que ambas posiciones no sean ciertas, desde la relatividad del acontecer humano? ¿Qué validez pueden tener, en la perspectiva de la investigación, la leyenda, la tradición en la interpretación del pasado?

Acabamos de mentar, de pasada a Felipe II. Volvamos a una anécdota de su vida. Se cuenta de el que, siendo muy joven, visito el templo del Pilar, en Zaragoza. Le explicaron la aparición de la Virgen y el pregunto: ¿Quién prueba eso? “La tradición ¨ -le contestaron. “Eso me basta”-dijo el Príncipe. Hay creencias del pasado cuyo análisis puede valer para entender una constante histórica.

No ha mucho tiempo, visitaba yo, para repasar unos datos arqueológicos, la ermita de Nuestra Señora del Castillo, patrona, no canónica, de Chillón, aunque si muy venerada como tal por todos los chilloneros. Desde el campanil que hay en el escaso recinto amurallado del castillo, contemplaba gozosamente el panorama espléndido. Y repase, in mente, el valor que tienen, en términos generales, los grabados de estas rocas, “llamados pinturas rupestres”, que son –o pueden ser- autenticas expresiones rúnicas. Las RUNAS fueron tenidas, desde siempre, por los eruditos, como expresiones de significado telúrico que ya no comprendemos. Nuestro pueblo, que tiene un verdadero tesoro de estas grafías, es un punto cósmico de relación entre los pueblos arios que se desplazaron de sur a norte. Aquí debieron de existir mesas megalíticas, ya desaparecidas. Tierras de druidas que enlazaron los misterios védicos con la cultura helenística. Son escrituras que se hicieron, posiblemente, posiblemente, como testimonio de relaciones con el “más allá”, símbolos, ahora indescifrables, del hombre que mantenía contacto con su dios. Es muy posible que, de estos signos semejantes a éstos, salieron los primeros balbuceos alfabéticos, desde una prehistoria indescifrables. Aquí están las “pinturas rupestres” que nadie sabe descifrar.

Tierra ésta de “brujos”, simpáticos, que nos legaron fiestas tan hermosas como las “luminarias de san Juan” en el amanecer del solsticio de verano, heredadas de otras culturas paganas.

Coinciden la RUNAS de la sierra de la Virgen con los emblemas zodiacales. Su orientación indica que todo ha venido de Oriente. Acaso tienen origen maya. Porque algunas de estas grafías son verdaderos mnemogramas, representaciones de un conocimiento concreto. O pictogramas, para señalizar un acontecer, recordando algún hecho importante o misterioso. Son lugares evidentemente destinados a liturgias de signos cósmicos, lugares vertebrados de la existencialidad humana, enclaves nerviosos de la fuerza telúrica del planeta.

Para sistematizar este trabajo, será preciso tratarlos por partes: Símbolos y Nombres, Época Ante-Prehistóricas, Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media, Edad Contemporánea, y Época Actual.

 

SÍMBOLOS Y NOMBRES

El retrato fisiognómico de un pueblo es su paisaje. La geografía es, en cierto modo, eso: Ciencia del Paisaje. Chillón tiene una topografía muy bella, es abundoso de fuentes y prados, de pocos pero muy exquisitos vinos, variados de fruta y ganados, un lugar para ser y para estar. Su retrato histórico puede apreciarse someramente por su escudo. Se ignora el primitivo origen de nuestro escudo local. Una tradición cuenta que un grupo de guerreros, en los albores de la romanización, persiguiendo un toro salvaje, alejaron del fuerte o campamento en que vivían. Se les echó la noche encima. De pronto, a la luz de la luna, vieron recortarse sobre el firmamento la silueta noble y bravía del noble animal rodeado de estrellas. Copiaron la estampa en sus escudos. Así el2 “Castrun Kilonis” tuvo su emblema. De ser cierto, nuestro primer símbolo historiográfico fue u toro de plata en campo de azur aureolado de ocho estrellas de oro.

La historia de nuestro escudo es más reciente. En el año de 1.273, cuando el rey castellano Alfonso X El Sabio daba privilegio a su Villa Real, incluyo en su territorio a Chillón, una ciudad frontera del Islam. Conquistado Chillón por los caballeros de Calatrava, estos reconocieron dicho escudo y lo transformación, dándole Cruz de Calatrava en campo de plata con orla azul sobre la cual resplandecen ocho luceros de oro. Chillón tomó parte por Isabel la Católica, en las guerras con los partidarios de la Beltraneja, siendo muy meritoria su acción, recibiendo Carta Puebla. En el 1.488 la corona lo emancipo de la Orden de Calatrava, dándole el titulo de Muy Leal, reconociéndole el escudo.

Menos claro aparece el nombre de la población: CHILLON. Por el escudo, que acabamos de referir, no se define el pueblo. En este escudo simple, de los llamados Escudos de “comunidad”, la cruz de gules de Calatrava es una condecoración al único campo de plata, mientras que la bordura de azur, sobre la cual campean los ocho luceros de oro, es una simple pieza de honor, como lo es igualmente la corona ducal que, como timbre heráldico, no tiene divisa y hace pensar en un símbolo ancestral.

Los romanos le llamaron “Castrum Quilonis”, acaso porque por que los griegos le llamaban simplemente KILON, en honor de uno de los siete sabios de Grecia, como dicen algunos historiadores, pasando por evolución fonética a llamarse Chillón. Con esta fonética se configura a partir del romance asturiano-leones muy sumiso al mozarabismo. Los romanos pudieron repetir el vocablo que les fue conocido en su conquista. Siglos después nace Castilla, como la entidad que tiende a sintetizar los valores de la comandad, apropiándoselos y transformándolos. Castilla es una consecuencia de la romanización, en lo jurídico y en lo lingüístico. El nuevo romance, el castellano, establecerá disidencias filológicas acabaran por imponerse con ímpetu de unida lexicográfica. A caballo del lenguaje vendrá luego la hegemonía política, que acabaran en el imperio. La U postónica pasará a ser O (cunicullun = castro) y la ll se convertirá en J; más como, por otra parte, la CH surge a base del compuesto CT y ULT (multum = mucho) y (pectus = techo) llegaremos a que la palabra CHILLON, como ahora decimos, fue , al menos fonéticamente, CIJON o ULTION, lo que, de ser así, complicaría más el laberinto del vocablo. La ortografía no cuenta, porque esta parte de la gramática no empieza a configurarse, como parte de la ciencia, hasta mitad de siglo XVIII. En estricta fonética, la evolución del romance transforma la C en CH (cisme = chisme), con lo que Chillón vendría de Cilón, pues sabido es que, en latín, no se pronuncia la LL, no es sino un compuesto de la L más una consonante sorda (clamare = llamare), por ejemplo. CHE sonaba QUE y CHI se oía KI o QUI. En la poesía ”Enxiemplo del asno o del blanquete”, el Arcipreste de Hita dice: “Un perrillo blanchete con su señora jubava”. (blanchete es blanquete). Más lo cierto y la -asombroso- es que CHILLON se decía así y se escribía así en tiempos de los celtiberos. Hay que ir, pues más lejos.

En nuestro pueblo, en Chillón, se advierten formas léxicas fonetizadas por evidentes influencias de todas las regiones españolas, ya que, no en vano, esta tierra es un enclave fronterizo muy importante en los movimientos migratorios peninsulares del pasado. Así: “caye”, por calle (al estilo andaluz; “situviá dinero” por “si tuviera dinero” (al modo extremeño); “ni siquiá vale pa eso”, por “ni siquiera vale para eso” (que es una forma típica del decir murciano) Hay que volver al ignoto pasado, para encontrar la raíz o significación posible de la voz “Chillón”.

A veces, para formarnos una justa idea acerca de las cosas que nos sorprenden, hemos de relacionarlas con otras similares en algún aspecto. Hablando de la palabra CHILLON, como nombre de pueblo, hemos de relacionarlo con nombres parecidos de otros pueblos.

Una tradición habla de una divinidad pagana llamada CHILLA, que adoraban los aborígenes, concretamente los gravetienses. En Candeleda, villa del partido de Arenas de San Pedro (Ávila), se venera la Virgen de CHILLA. En nuestro Chillón, los antiguos decían que era la ciudad de Chilla. Hubo en Candeleda un castillo de los condes de Miranda, dándose el caso de que esta noble familia estuvo antiguamente muy vinculada a Chilló. ¿Existe relación?. La aparición de la Virgen de Chilla, según escrito del 1.768, firmado por José Herrero Villa, es parecida a la de nuestra Virgen del Castillo, de Chillón. La de chilla se apareció así, según dice un ejemplo de la revista club Alpino Español, según leemos: “La imagen de la Virgen de Chilla, de hace muchos años, fue aparecida en el tronco vestido de verde hiedra a un pastor llamado Fernando; tiene en su brazo izquierdo un niño y en el derecho un cetro...”. Quitando que nuestra Virgen del Castillo de Chillón se apareció en una cueva, lo demás es idéntico. Existe la Peña de Chilla, junto al río Almanzor, cerca de Arenas de San Pedro. Y un río llamado Chillán, junto a Nerja, en Málaga.

Los celtas llamaron a nuestro pueblo ZILLUNG. Diógenes Laercio, cuando habla de Chillón, sabio de la Grecia clásica, nos aviva la fantasía. ¿Quien prueba que no existen en este vocablo facetas fonéticas acaso dejadas por pueblos desaparecidos, como atlantes, etruscos o tartesios? Los romanos aceptaron los nombres que les merecían respeto. Antiguamente se encontraron, en el barrio que se llamó de “las casas caídas”, estatuillas de barro, de bronce y monedas, que la gente estimó de poco valor y perdió. Así es la INCULTURA.    

               Chillón, seguramente, no es nombre celta, ni griego, aunque se fonetizara seguramente por los griegos. Polibio habla de un espartano llamado Chilón, enemigo de Liturgo. En
Italia, donde mejor pueden haber captado la fonética latina, la CH se dice Q. En griego, parece que debe ser K. Nuestro pueblo tuvo una colonia bien helenizada, formada por griegos que, paralelamente a la venida de el Greco a Toledo, se expandieron por los lugares más cultos de la península. Chillón tenia Escuela de Latinidad entonces, algo parecido a lo que ahora se llama Instituto de Enseñanza Media, una antesala de la Universidad. Un griego muy chillonero es el de KIRILIS, que ha llegado, en forma de mote o cognomen, a nuestros días. Aun quedan, entre mis buenos amigos, dos que se motejan así “chiriles”. Es una deformación fonética de sus antepasados los KIRILES, que fueron, por otra parte, muy notables personas.

               En América existe un pueblo llamado CHILLAN. En la misteriosa cultura maya, una colección de documentos lleva de CHILLANBALAN. Ello se relata que “seres desconocidos venidos del cielo en naves voladoras...” eran dioses blancos que vuelan en unos discos y alcanzan las estrellas”.

               Cuando se descubrieron, en Centro Europa, unas tumbas de la Era Prehistórica, se observó que algunos cráneos eran, por su configuración, de tipo negroide. ¿Es posible que, hace tantos miles de años, vivieran los negros en el centro de nuestro Continente?. Si tomamos como base temporal de nuestra civilización los supuestos cronológicos, clásicos, parece que no; mas, si tenemos en cuenta que el hombre sabe muy poco del pasado, parece que si. Es probable que el homo “sapiens” existiera al final de la Era Terciaria. Entonces nos remontamos a millones de años atrás, Y hasta es posible que entonces, el continente Euráfrica constituyera un todo racial homogéneo. Las pinturas rupestres del Sahara prueban que este desierto no era sino una hermosa selva virgen, habitaron su cordilleras gentes desconocidas, de un alto grado de civilización. ¿Acaso no pudo esta gente huir hacia el centro de Europa, a través de España, cuando en el centro del Sahara se volvía inhabitable? Tampoco es difícil aventurar que tales migraciones se hicieron por los pasos posibles de la Serranía, uno de los cuales coincide con la topografía de Chillón. ¿De donde puede ser esas grafías a que hemos aludido antes, esas “pinturas rupestres” de la sierra de la Virgen?. Aquellas gentes configuraron sin duda pueblos concretos, que ahora desconocemos. ¿Es Chillón unos de los pueblos? ¿Por qué, en Suiza, existe también un llamado Castillo de Chillón?.

               Sin salirnos del entorno africano, en este análisis, encontramos un evidente parecido fonético y hasta cierta similitud etimológica entre la voz CHILLON, y la voz CHERCHEL, nombre de una ciudad mogrebina tan llena de recuerdos romanos, Cherchel es la IOL CESAREA, capital de una de las provincias en que Roma divide la Mauritania, bajo el imperio de Calígula. CHERCHEL (Iol Cesárea) más ligada al misterio de África y muy influenciada por la Nubia, fue agregada, con su territorio, a la diócesis de HISPANIA. Tenemos de nuevo el misterio de la proyección romana sobre nuestra región a través de África. Chillón está perfectamente romanizado en el año 33 antes de Cristo, cuando Octavio confisca la Mauritania a su rey Bocchus, entregarlo a Juba 2º, esposo de una hijas habida de la unión de Cleopatra y Marco Antonio. Es la década del 30 al 40 antes de Cristo. La influencia de Mauritania se proyecta más sobre el sur de la Península.

               No tratamos, al insistir tanto en encontrar significados a la palabra CHILLON, de hacer alarde de conocer la semántica, ni tampoco pretendemos estimular la critica de los filólogos ni desafiar a los gramáticos. Queremos demostrar que las palabras que hoy conocemos no significan siempre lo que dicen los eruditos o los científicos del lenguaje. Un simple ejemplo demuestra nuestro aserto: la palabra CELULA, que para muchos significa un pequeñísimo trozo de materia viva, tiene, por su etimología, el absoluto significado de “cosa hueca” “hueco”, cavidad. Es palabra que viene de CELLULA, voz latina de la que se origina CELLA, que significa eso cavidad, hueco. 

               También queremos decir que lo que pretendemos, en este trabajo, no es hacer la HISTORIA de Chillón, sino su BIOGRAFIA, En la biografía, hay que considerar los perfiles sociales, sicológicos, etc, del biografiado. Cualquier tratamiento esencial del contenido es valido.

               Hemos dicho que, en América, existen pueblos con este nombre o con grafía parecida. Chillón puede ser nombre maya. En la cultura maya, las sílabas CHI-LLON tienen por base el adverbio CHI, que significa “más”, “el que más”, “el más”; y ION, que es una deformación de la voz YA, que equivale a “bello”. La traducción de CHILLON sería, desde la perspectiva,”el más bello”. Por extensión, podría traducirse: LUGAR SAGRADO. Cosa posible, después de ver las tan repetidas “pinturas rupestres”, que siguen indescifrables. En maya, CHE es el nombre de un día fasto. También pudiera referirse al dios llamado CHAC, protector de los campos, favorecedor de la lluvia. Nos inclina, por “el mas bello”, como significación mas ajustada a la sintaxis léxica.

Claro esta que alguien, a leer esto, dirá que nos estamos remontando a millones de años de historia desconocida. Es posible. Los mayas son los antecesores de los egipcios; y unos y otros y otros provienen de los talantes. Muchos investigadores afirman que las Antillas pueden ser restos de la Atlántica, como acaso las Azores y las Canarias. Píndaro al de las Columnas de Hércules, dice que “más allá” de ellas “vivían los talantes”, Bancroft identifica a estos con los “hiperbóreos”; y Dioro, aludiendo a Everemo, dice: La Isla de PANCHALLA es santa; tiene 200 estadios; sus habitantes se llaman “boreades” y viven alabando a los dioses. Amnón reino allí. Se reúnen en un templo lleno de inscripciones sagradas”.

Téngase en cuenta que el nombre que el nombre PANCHALLA es auténticamente maya. Como –repetimos- pudiera serlo CHILLON, referido a este pueblo. Todavía la lingüística es un misterio. La palabra NILO, por ejemplo, es NEILOS. Se da el caso que, en la cima del Soconusco, nacía un río llamado NIL. En maya es PANNIL, que significa “lugar de paz”, “sitio bello”, “tranquilo” El NIL desemboca en lo que ahora conocemos por Océano Pacifico, luego no puede ser el Nilo egipcio. El caso es que, de todo esto, hablan los documentos de Totonicapán y Quetzaltenango.

               En modo alguno, pues creemos que el nombre de CHILLON proceda del QUILON griego, ni del CHILO romano. La CH es una letra muy maya, mientras que, en los alfabetos fenicios, ibero y latino, no existe, formándose a base de la C y la H, pero con fonética distinta.

También puede que la palabra CHILLON basarse en la sílaba maya CHIA. Sabido es que, en la Mitología Colombiana, CHIA era una bella mujer que acompañaba al legendario BOCHICA. Ambos habían venido del cielo. Como CHIA era mala, perversa, de malos sentimientos, provoco una catástrofe, desbordando el río Funzas, anegando el valle de lo que es ahora la región de Bogotá. Esta leyenda es tan antigua que, en aquel tiempo, la tierra aun no tenía este satélite que llamado LUNA. El testimonio dice que Bochica, irritado contra Chia, la devolvió al cielo, convirtiéndola en nuestra Luna. Se cree que, efectivamente, nuestro planeta ha tenido más de un satélite. Las ideografías escritas en los abrigos rocosos de la Sierra de la Virgen del Castillo, en Chillón, son muy parecidas –ya hablaremos de ello- a otras encontradas en lugares de África, Asia y Europa. Los chibchas conocían la escritura ideográfica.

Citaremos, para terminar esta parte primera, el Castillo suizo de Chillón. También aquí la etimología es abundante y confusa y en cierto modo, idéntica, en algunos aspectos, a la que los historiadores ofrecen sobre el Chillón nuestro. CHILLON, para los suizos, significa “plataforma de rocas” o “sobre las rocas”. En Suiza este Castillo, se llamaba CILON, en el año 1.150; QUILONIS, en el 1.195; y a partir del siglo XIII, CHILLON. La base etimológica parece que es, para los suizos, la voz CHILLOID o CHILLIDO. Pero hay más: el castillo suizo de Chillón toma otros nombres: CHILLONS, en 1.233; CHILLIUM y CILON, entre 1.233 y 1.257; CASTRUM QUILONIS, 1.195; CHILLUM, en 1.247; CHILLUNS, en 1.276.

Son como puede verse, veleidades fonéticas o gráficas. Según Gatschet, es CHILLONDS, que significa “piedra plana”. En el mapa de Dufour, aparece CHILLONG. En los Alpes de Arbaz, se dice el Alpe de CHEILLON. En otros textos, se escribe SEILLON SEILON.

Tomando como referencia estas acepciones, pudiera significar “roca plana en el agua”. El castillo suizo de Chillón esta al borde de un lago. La sílaba SE significa “agua” en nuestros idiomas. Esto no contradice cuanto venimos diciendo, en torno a la antigüedad de nuestro pueblo. Si el triángulo Atlas-Azores-Tartesos, son restos de la Atlántida, es posible también la significación de “plataforma de rocas sobre el agua”. El Imperio Tartesio, heredero de parte del de los talantes, llegaba hasta la latitud en que se encuentra nuestro pueblo. También la raíz ATL significa “agua”, como las silabas SE y SCHE. Es indudable que el origen de Chillón se pierde en lo legendario. En el Siglo VII a.d. C., aun quedaban importantes núcleos tartesios extendidos por la cuenca del Guadalquivir y limítrofes. Los restos arqueológicos del cerro Carambolo, de Sevilla, lo atestiguan. Nuestro pueblo se asienta precisamente sobre una plataforma de rocas de los periodos devonianos y silúricos.

Nos sentimos orgullosos de llamarnos CHILLONEROS. 

 

EPOCA ANTE-PREHISTORICA

¿Desde cuando existe el pueblo de CHILLON? Resulta imposible fijar una fecha a su origen. Un pueblo no es solamente un conjunto de personas asentadas circunstancialmente en un territorio. Así es la tribu. El pueblo es una etnia, una organización y una finalidad. Todo esto conjuntado exige un espacio vital. Y es aquí, en el espacio, donde se definen y concretan, las posibilidades de permanencia y de futuro. El hombre camina en función de una esperanza, del futuro. No basta la raza, porque la ciencia ha demostrado que los caracteres hereditarios contienen elementos altamente disociables.

En la Península Ibérica, donde han fluido tantas razas, ya no se habla de olcades, ausones, lacetanos, berones o edítanos. Se habla del pueblo español.

Hay pueblos que se identifican por un documento fundacional. Chillón no lo tiene. Los hay que se identificaron a partir de un suceso, de una frase, de una ley. Tal como sucede con Casariche, Ataquines, la Carolina, etc. Tampoco se da este caso con Chillón. Incluso el nombre es ya, de por sí, un elemento de confusión. Los que le identifican con Sisapo aciertan, en cuanto a su estructura racial, basándose en que, según parece, son los fenicios quienes formulan el nombre definitivo, a partir de las palabras Sisapo y Seasapo. Parece ser que estas voces se fonetizaban CHIACHAPO, lo que nos vuelve a lo que ya hemos dicho anteriormente. De todas formas, tanto Seasapo como Chachapo hacen referencia a lugares donde hay agua. En cuanto al nombre, seguimos en la oscuridad.

Otros signos de antigüedad serían también las llamadas “pinturas rupestres” Pudiera ser que el primer asentamiento de la población se hiciera en la falda de la Sierra de la Virgen. Quizás en el paraje conocido con el nombre de La venta, cruce de caminos, posiblemente desviación de la calzada trazada desde Sisapo a Mariana y Lebisosa, establecidas sobre anteriores rutas preiberas.

Es difícil ponderar, en función del tiempo, estas “pinturas” Como meras expresiones artísticas no tienen sentido y en tal caso, serían resultantes de una cultura que solamente puede medirse en paralelismos cronológicos con otras manifestaciones humanas. Pero ¿son verdaderamente motivaciones de arte o son más bien testimonios históricos ya indescifrables? No tienen la expresividad de una obra pictórica. Representan una inquietud humana o simplemente nos dan testimonio de hechos vividos, que intentaron perpetuar? ¿Acaso son, más que pinturas, escrituras, ideografías que no sabemos leer? Porque sus parecidos, con otras, en otros lugares, resultan asombrosos. Incluso si se comparan con jeroglíficos egipcios y anagramas chinos.

No parece muy acertado creer que la preocupación máxima de aquellas gentes fuera crear arte. Solamente una sociedad en evolución puede permitirse ese lujo. Mas bien parece que los que dejaron estas “pinturas” eran gente angustiadas, seres decaídos, en involución. No pintaron para demostrar que sabían hacerlo, como hacen los pueblos felices, sino que escribieron para decirnos algo que no entendemos.

Suponemos, al contemplar estos signos, que nos transmitieron un mensaje de temor y esperanza, que nos hicieron una advertencia. La Tierra ha podido sufrir diversos colapsos, en cataclismos desconocidos.

Son muchas las leyendas que afirman las migraciones de pueblos del Este, huyendo de algo. A veces, se tienen noticias concretas de algo, como en venida de los iberos, procedente de la autentica IBERIA (o IVERIA),donde ahora esta la zona caucásica de Georgia. También sabemos de las glaciaciones. Y de la destrucción por el fuego de Sodoma; o por el fuego y el agua, como en la destrucción de Minoan, en Creta. Lo que resulta constante. En todos estos pueblos ignotos, en su fe en ultratumba, su creencia en el mas allá, su idea de inmortalidad. No nos merece mucha confianza el sentido que dio a estas “pinturas” el Abate Breuil, que las estudio. Porque esta condicionado por el rigor histórico. Para muchos investigadores, la Historia comienza hace pocos años. Están influenciados por una temporalidad mal medida. Breuil es un sacerdote científico y no quiere enfrentarse con la cronología bíblica. A principia del siglo XX, este sacerdote intenta agrupar todo el acervo del arte rupestre en dos ciclos: AURIÑACO-MAGDLENIENSE. Mas, cuando Breuil formula sus clasificaciones, no se habían explorado bien las extraordinarias manifestaciones prehistóricas de otros continentes. En el 1.962, casi en nuestros días, la prehistoriadora A..LAMING agrupa todo el arte cuaternario en día en dos sectores: santuarios exteriores y santuarios interiores, quedándose anclada en tiempo que ella misma no sabe medir. Así es de difícil la cuestión.

Será LEROI-GOURHAN quien intente establecer otra cronología en cinco períodos, en base a lo que cree en cinco estilos diferentes: Son éstos: El Estilo 1º, que comprende los ciclos AURIÑACENSE y comienzos del GRVETIENSE. El Estilo 2º, que abarca todo el periodo GRAVETIENSE y una parte del SOLUTRENSE. El Estilo 3º, que, dejando sin solucionar Cronología del anterior, se inserta entre el SOLUTRENSE y el MAGDALENIENSE, lo que, a nuestro modo de ver, no da más luz en las sombras de la prehistoria. El Estilo 4º, que es una prolongación del MAGDALENIENSE, dentro del cual podría situarse santuario de Altamira; y el Estilo 5º, que se centraría en las culturas mesolíticas, llegando hasta la historia propiamente dicha. Todo esto, sin embargo, de sistematizar lo desconocido, aunque sin salirse de cánones clásicos. Todo ello se viene abajo desde el momento en que nos resulta indescifrables las incontables pinturas de nuestros abrigos mediterráneos y andaluces, donde los grafismos nos pacen balbuceos artísticos, escritura que no podemos traducir a nuestro lenguaje.

      Mi buen amigo y pariente José de la Cruz Martínez, erudito de estas cuestiones, muy amante de Chillón, también su pueblo, apunta la idea de que esto que llamamos “pinturas rupestres” no tienen de pintura más que el hecho de ser, como lo es la escritura de un niño, algo que se pinta; pero que lo que en Chillón tenemos corresponde a miles de años antes de lo calculado por los mal llamados ortodoxos del tema. Las “pinturas” de Chillón están hechas de rijos, rojo-anaranjado y amarillo, con una técnica que las hace inmunes a la intemperie Hay en ellas carros y ciervos, lo que pone en manifiesto que conocían la rueda y tenían industria. Abundan figuras humanas y équidos. Sobresalen, sin embargo, los ideogramas incomprensibles. Intentaremos, más adelante, interpretarlos, por comparación con otros contrastados en otros continentes.

Don Luis Hoyos dice: “Es seguro que todo este arte esquemático cae dentro de la Edad Neolítica y del Bronce” (“Arte Rupestre Esquemático”). Nosotros no lo vemos así, porque hay un relieve, que ya no es pintura, donde se expresa alga distinto al esquema.

Mucho de nosotros, influenciados también por los “maestros”, sentimos miedo a romper moldes y no queremos salirnos de lo que nos han enseñado. Esto va en contra de la investigación, que exige audacia. Tenemos el defecto, partiendo de la teoría evolucionista, de llamar salvaje al hombre de las cavernas o al que habito estos abrigos en nuestro Chillón. No nos cuenta de que la evolución tiene sus fallos. Por ejemplo: si somos varones, ¿por qué se nos aprecian en el pecho las señales de las tetillas? Interrogantes así obligan –deben de obligar al hombre- a buscar la verdad, ¿Hemos sido alguna vez andróginos? Nuestra simetría bilateral avala tal posibilidad. Cuando llamamos salvajes a unos pueblos que, a pesar de carecer de comodidad y de medios, crearon un arte y una escritura, no nos damos cuenta de que ese supuesto salvajismo no es sino la prueba de una desgracia cósmica, de algún hecho catastrófico que hundió a esos pueblos. ¿Arrancamos de una célula base, que nos ha conducido al “homo primigenius”, pasado por sucesivas evoluciones, o han existidos cortes o mutaciones en la especie, originando ciclos de grandes civilizaciones y de grandes regresiones? El hombre salvaje, el que regresa o involuciona puede ser un hombre agotado; pero puede ser un barrido de su civilización por sucesos que ignoramos. Nosotros somos la generación de Adán. ¿Hubo otras anteriormente? Frente al rigor del evolucionismo, está el creacionismo. Ambas teorías devienen el desarrollo humano, le condicionan y le definen. Un caos físico (guerras, cataclismos, glaciaciones) puede hundir la civilización, dispersar al hombre. Es entonces cuando el hombre, falto de módica, intenta decir lo que sucede en su errar sobre la haz de la tierra, darnos su mensaje, pintar o escribir, para dar testimonio de sí mismo. Una cosa es pintar en la caverna, para solazarse o hacer historia del vivir que ya posee y otra es escribir su angustia en las rocas, dar testimonio de su paso, para que le digan los que vendrán detrás. Escribe en la piedra, por que no disponemos de otro medio. El llamado arte rupestre no tan solo es el arte de recrearse, sino de comunicarse. Es su prisa antes la vida y su esperanza. Hasta que no se descifre todo esto, no sabremos lo que nos dijeron; pero ahora podemos intuirlo. Sabremos de su religión, de sus creencias, de su historia, de sus temores, de su magia y sus conjuros frente al destino, de su organización.

El hombre actual ha enviado una sonda fuera de la Tierra, en esperanza de que alguien, en algún lugar, la encuentre y sepa descifrarla. Eso mismo hicieron los cavernícolas y los que nos dejaros su mensaje al aire libre, en las rocas.

 

Como estamos biografiando al pueblo de Chillón, es lógico que abundemos en perfiles que le hagan cognoscibles. Seguimos con la Ante-Prehistoria, para llegar a una idea de los posibles. Al final de este trabajo, ofrecemos unos dibujos de los signos pictóricos a que nos referimos, de los cuales seguiremos hablando. Existe un bajo relieve, muy difuso por la erosión, un paño de roca, en la solana de la Sierra de la Virgen, que pueden significar muchas cosas. Al parecer, se trata de un sacrificio, quizá de caballos, al dios sol, por druidas o ejecutados por sacerdotes Boreas.

Hablar de un pueblo que, por su situación es –puede ser- uno de los más antiguos del mundo, comporta el riesgo de posibles errores. La progenie española está muy diluida en toda nuestra nacionalidad, desde siglos. Sin embargo, en Chillón late todavía un tono especial de vida, un pulso tan humano que, ni los azares económicos o políticos de su existencia, en su vida de tantos milenios,le ha quitado carácter. Tiene impresas huellas del pasado, no en sus momentos, que el tiempo fue destruyendo, sino en su carácter. Y lo saben los chilloneros, que quieren ser fieles a sí mismo. Aquí, azar meramente histórico no hace sino minimizar valores, cuando se intenta prescindir del lejano pasado. Interpretar el pasado en coordenadas del presente es en Chillón, como traer a juego los contenidos de la inteligencia para analizar torpemente el destino de nuestras gentes. Estamos poseído de ese pasado. Estamos en una constante del devenir humano.

Queremos vivir; por eso retornamos al pasado. Sin darnos cuenta, pero es así. Sabemos que mirar al pasado no es volver la espalda al futuro. El pasado contiene las raíces de nuestra culturación. Aunque esté lleno de sombra, siempre habrá en él un resquicio de luz. Hay escépticos, sin embargo. Los hubo siempre. Lo dijo el poeta:

No curemos de saber

          lo de aquel tiempo pasado

                                                            que fue dello.

  Vengamos a lo de ayer

 que también olvidado

                                                             como aquello.

Este no es verdad. Cada día se pretende ahondar en el pasado, como sí por ese sistema, quisiéramos, prevenir el futuro. La cultura es un crisol donde se depura la personalidad de los pueblos, también su razón de convivencialidad, el sentido de su progreso. Esto no se entiende sino volviendo la vista atrás.

Cuando el “homo naturalis” se convierte en “homo sapiens”, los seres inteligentes adquieren una movilidad extraordinaria. Buscan su entorno, quieren realizarse. ¿Pero quien ha puesto en pie al “homo sapiens? Este es el dilema. Repasando las religiones, vemos que los relatos bíblicos son, en muchos aspectos, coincidentes con los relatos bíblicos son, en muchos aspectos, coincidentes con los relatos sumeries, babilonios o egipcios. Incluso se parecen a los de otras culturas distantes, como la maya o la indostánica o la china. Incluso parece como si todos estuvieran de acuerdo o como si, al desgranarse una cultura primera muy generalizada, el hombre se dispersa y, antes de que se le olvide lo revelado, trata de escribirlo, llenando de errores la versión de sus verdades reveladas. En todo, sin embargo, late el misterio y lo incompresible. Hemos de poner unos ejemplos.

La Biblia, nuestro libro por excelencia, habla de Adán y Eva. En las leyendas rabínicas, se dice que Adán tuvo, de tener a Eva, otra mujer llamada Lilith. Isaías lo reconoce así y llama a Lilith “madre de demonios y gigantes”. En efecto, parece que esta Lilith procreo con seres extraterrestres, de los cuales tuvo descendencia, siendo el principal hijo el llamado Caín. Adán la repudio, dándole Dios otra mujer, sacada de su misma costilla: EVA. De Eva vino el hijo Abel. Surge así el primer motivo de desavenencia entre Caín y Abel. ¿es cierto? ¿es falso?. Hasta el Diluvio, hay una cronología inexplicable. Si se encaja el Diluvio bíblico –del cual hay constancia en casi todos los pueblos de la antigüedad- en el llamado período DILUVIAL, nos colocamos en el pleistoceno, es decir, hace muchos millones de años. Es entonces cuando los descendientes de NOE se dispersan por toda la tierra.         


"En breve completaremos la transcripción"

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